La primera inmersión

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La primera inmersión

Mónica Sevillano 14 Dec 2015

La primera inmersión

La preparación

Hay quien para su primera inmersión se decanta por un bautizo, por probar, por si acaso no les gusta o por si sus miedos terminan venciendo a las ganas de llegar hasta el final. Si este es vuestro caso hacedlo así pero elegid las condiciones adecuadas para que esta experiencia pueda ser perfecta como un buen lugar en cuanto a condiciones climáticas y puntos de interés, una época del año en la que podáis disfrutar de temperaturas más altas del agua, mejor visibilidad, más vida en los fondos y alguna que otra cosa que ya veremos más adelante. Teniendo todo esto presente nos ahorraremos pasar frío, que la visibilidad o la falta de luz no nos permita ver nada o que nos demos un frustrante paseo por un arenal sin vida ni ningún tipo de emoción (algo que creo que ocurre con los bautizos realizados en piscina). Otros, directamente, nos lanzamos al curso porque sabemos de antemano que si empezamos no podremos parar.

Al principio todo es ajeno y extraño. Nos sentimos incómodos ya en tierra: el neopreno aprieta (debes de poder moverte pero si te queda grande lo más seguro es que pases frío porque el agua entrará en tu traje a raudales y no le dará tiempo a calentarse con la temperatura del cuerpo), los nervios están presentes y te llega un cúmulo de información de material, normas, señales y situaciones a las que tienes que estar atento (una sensación parecida a cuando te vas a sacar el carnet de conducir y coges un coche por primera vez). No os preocupéis, os harán una presentación básica de todo el equipo y de cómo funciona, una vez empezado el bautizo vuestro guía os irá indicando en cada momento cuando tenéis que hinchar, vaciar o simplemente dejaros llevar de su brazo. Hay que estar atentos a las señales básicas como OK, bajar, subir, no me encuentro bien (y señalar la zona) y dar la medición del manómetro cuando se os requiera además de estar pendientes nosotros para poder ver cómo funciona y lo que consumimos.

Nos enseñan a equiparnos y a comprobar que todo está correcto, lo nuestro y lo de nuestro compañero mientras piensas: “Seguro que se me olvida algo… Huy, espera… que creo que no te he revisado que todas las cinchas están bien apretadas! ¿Lo habré hecho todo bien?”…  En el caso de los bautizos este paso se omite para que te puedas relajar y disfrutar de la inmersión mientras el guía está pendiente de ti.  Te pones de pie con el equipo y todo pesa: el lastre, la botella… El maldito neopreno te sigue apretando y para colmo vas andando como un pato por haberte puesto las aletas antes de tiempo. Como consejo, si sales en barco en lugar de en una lancha neumática, ponte las aletas en el borde del barco justo antes de tirarte, no te preocupes, si no puedes tú solo te ayudarán a calzártelas.

El salto

  • ¡Yo me quiero tirar al agua ya!
  • Tranquila pequeña padawan. Te sientas en el borde del balón  y te dejas caer de espaldas.
  • ¿Cómo de espaldas? A ver si me voy a dar un golpe en la cabeza con el casco y me quedo tonta.  (Los presentes se empiezan a reír)

Te colocas la máscara (a la que previamente aplicaremos saliva para evitar que se nos empañe), el regulador y los sujetas con una mano, así evitas perderlos durante el salto, cierras los ojos, te dejas caer y notas la zambullida. A partir de este momento empiezas a notar la magia: Ves la burbujas a tu alrededor mientras sigues respirando. No se te ha metido agua en la nariz ni te escuecen los ojos de la sal. Es una sensación completamente NUEVA. -¿Todo ok? – Ok!.

inmersión

Esperas a tus compañeros, deshinchas el jacket  y empiezas a bajar por el cabo mientras notas como la presión del agua comienza a trabajar sobre el aire que llevas en tu máscara, el poco que ha quedado entre tu traje y tu piel y el que se encuentra en tus oídos comprimiéndolo todo. Soplas por la nariz y la máscara deja de placarte. Bien. Ahora te tapas la nariz mientras sueltas aire por ella y notas un pequeño “ploff” en tus oídos. Ya está todo compensado y te sientes más cómodo  (todo ok, vuelves a señalizar a tus compañeros). ¿No has conseguido compensar los oídos? Tranquilo, sube un poco e inténtalo de nuevo, no hay prisa y recuerda que has ido a disfrutar, no a hacerte daño. Sólo falta reapretar un poco el jacket  y comienzas el “vuelo”…

Al llegar abajo no es todo de color de rosa desde un primer momento: te apoyas en la arena removiendo el fondo, haciendo la croqueta mientras piensas que vas a dejar sin visibilidad al resto del grupo y las palabras de tu instructor “nos colocamos de rodillas en el fondo y nos movemos lo menos posibleresuenan en tu cabeza. Tras unos momentos de lucha ya estamos en la posición que queríamos y nos damos cuenta que manteniendo la calma y haciendo las cosas pausadamente todo es más sencillo. ¿Todo ok? – Ok!. Ahora viene lo bueno, hinchas un poco las vejigas de tu chaleco y después tus pulmones, esto te hace sentir que te elevas levemente. Deshinchas tus pulmones y bajas (¡esto me empieza a gustar cada vez más!). Inspiras nuevamente y… comienzas a avanzar mientras mueves tus piernas. ¿Todo ok? – Ok!.

practicar submarinismo

Cuando buceas por primera vez eres consciente de una parte ínfima de todo lo que te rodea: estás más pendiente de tus movimientos y tus instrumentos, de mantener una flotabilidad correcta; pero llega un momento en que te das cuenta de algo… lo único que perturba el silencio y la paz de tu entorno eres tú y tu respiración. A partir de ahí empiezas observando tus burbujas ascendiendo hacia la superficie, te centras y ubicas a tus compañeros que te sonríen mientras señalan un pequeño banco de alevines azul neón. Te acercas controlando tu cuerpo casi sin pensarlo, como levitando y pasas por encima de una pradera de posidonia. Una medusa preciosa y transparente se agita delante de ti mientras la miras embobado y justo, en ese preciso momento de observación y total integración con el medio te das cuenta del detalle más mínimo: ¡Un largo pelo urticante que amenaza con rozarte la cara!. Otra vez movimientos bruscos y batir de manos y aletas para alejarte del peligro: tienes que tener en cuenta que estás en un medio extraño y que hay cosas que pueden lastimarte. Una buena opción es ir protegidos con unos guantes y una capucha, así evitarás el roce con rocas, medusas o pinchazos al tocar involuntariamente a algún erizo. Después vuelta a empezar con tus burbujas, tu respiración y la calma de tus sentidos…

Una vez que encontramos esta calma todo es disfrute y te conviertes en el espectador privilegiado (se mira pero no se toca) de un mundo que pocos conocen y que es tan intenso y tan extenso que te hace olvidarte de todo lo demás. Consumes menos aire al bajar el ritmo cardíaco y al suavizar tus movimientos.

fondo del mar

Terminarás la inmersión con ganas de más, de querer seguir viendo y seguir sintiendo y sobre todo de volver a estar en ese estado de paz tan total en el que sólo allí abajo te puedes encontrar…  empieza con tu formación como buzo autónomo: será una decisión que cambie tu vida.

Después cualquier excusa será buena para volver a enfundarte en el neopreno y sumergirte en la inmensidad del azul.

Por | 2017-06-21T13:05:26+00:00 Diciembre 14, 2015|Submarinismo|2 Comentarios

Acerca del autor:

Mónica Sevillano

2 Comentarios

  1. Jose Perez Diciembre 15, 2015 en 9:50 am - Responder

    Buen articulo. Lo unico, que discrepo un poco en la forma de empezar. Lo suyo y legal, es que la primera toma de contacto sea en aguas confinadas . Ya sea piscina o un entorno controlado.Eso de bajar por un cabo,es una de las principales causa de que la gente no continue. Aunque es la dinamica de muchos centros de buceo, no es lo suyo. Por lo demas, gran articulo 😉

  2. Olivier Fernandez Diciembre 15, 2015 en 8:50 pm - Responder

    Muy bueno, ahora me gustaria leyendo las proximas aventuras. Muy buena descripciones, a seguir….

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